jueves, 3 de agosto de 2017

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Vivir conforme a nuestros valores nos ayuda a sentirnos más satisfechos con nuestra vida

A lo largo del tiempo y la historia se ha escrito y hablado mucho acerca de la felicidad; existen libros, vídeos, películas, canciones, poemas... Se ha teorizado como se logra, todo el mundo la busca, y en ocasiones las personas pueden hacer recaer el peso de lograrla en conseguir ciertos objetivos en la vida. No obstante, no resulta complicado ver el problema de este razonamiento. En ocasiones, podremos esforzarnos al máximo y no lograr aquello que deseábamos y por lo que hemos invertido tanto tiempo. Si reducimos aquello que llamamos nuestra felicidad a ello, cada vez que no logremos nuestros objetivos sentiremos una gran frustración y nos generará una importante crisis vital.

Junto a lo anterior, tenemos que fijarnos en lo siguiente. Todos podemos  pensar acerca de gente que podría considerarse feliz a pesar de no haber logrado todo lo que deseaban. Y por otro lado, podemos ver gente que puede afirmar que tiene todo lo que había deseado pero aun así no se siente feliz.

¿Qué hay de detrás de todo esto? Lo cierto es que cada persona es un mundo y habrá una gran cantidad de factores personales y del contexto que influyen. No obstante, me gustaría matizar que en primer lugar, se ha asociado erróneamente a la felicidad el no sentir emociones desagradables, lo que no sería cierto. Es irreal pensar que por muy bien que puedan irnos las cosas, no vamos a sentir emociones desagradables. En el abanico de emociones que sentimos a lo largo de nuestra vida, tenemos que aprender a dar cabida a todas ellas y que esto no quiere decir que nuestra vida no valga la pena. Por ello, me gustaría hablar más que de felicidad de un balance de vida satisfactoria, sentir que tenemos una vida valiosa, considerando todo lo que pueda venir y afectarnos de manera lícita.

Por otro lado, me gustaría centrarme en aquello sobre lo que hacemos recaer nuestra consideración de satisfacción vital y la percepción de vida valiosa. Al comienzo del artículo, hemos puesto de manifiesto como parece haber personas que a pesar de las adversidades, consideran que tienen una vida satisfactoria; y otras que dicen no tenerla a pesar de lograr todo lo que desean. Por supuesto, serían dos polos de un continuum de posibilidades y de nuevo influirán muchos factores individuales. Pero un elemento clave y sobre el que me gustaría centrarme es el de la vida conforme a nuestros valores personales.

Cuando vivimos por y para lograr objetivos y metas en nuestra vida y hacemos recaer nuestra satisfacción únicamente sobre conseguirlos o no, nunca estaremos del todo satisfechos. En cambio, cuando vivimos conforme a nuestros valores personales vamos a aprender a vivir la vida de manera algo diferente. Con esto no quiero decir que tengamos que dejar de lado las metas que nos marcamos, ni que no tengamos que luchar por nuestros objetivos; tampoco que no podamos experimentar tristeza, rabia, decepción, cuando no los logremos. Sino que no le pongamos a estos objetivos todo el peso de nuestra felicidad y nuestro bienestar.

Si vivimos conforme a la fidelidad a nuestros valores personales, vamos a poder experimentar todo el rango de emociones que nos generan las diferentes situaciones vitales que vivamos, incluyendo la decepción, la sensación de fracaso, la tristeza, la ira, cuando un objetivo no es cumplido… Pero sin perder esa percepción general de satisfacción y vida valiosa, aunque lícitamente pueda no sentirme bien en este momento.
Tenemos que delimitar a qué nos referimos por valores personales. Cuando hablamos de valores nos referimos a un concepto que metafóricamente podría compararse con el horizonte; es un horizonte vital. Los valores son una guía que nos permiten actuar en nuestra vida conforme a lo que es importante para nosotros.  Y en lo que se refiere a valores, no existirán ni mejores ni peores. Cada persona, debe hacer aquí un ejercicio de introspección y establecer cuáles son sus direcciones vitales; que es lo que de verdad importa para sí.

Se trata de una tarea de introspección importante y un poco difícil en ocasiones. Para ello, primero cabría delimitar qué áreas son las más importantes en nuestra vida (familia, relaciones de pareja, relaciones sociales, trabajo, educación, ocio, autorrealización, espiritualidad, salud y bienestar… o cualquier otra área importante que identifiquemos). A continuación, para esclarecer nuestros valores nos tenemos que preguntar: ¿cómo quiero ser en esta área? ¿qué es importante para mi en cada una de ellas? Y clave aquí también, ¿como de importante es cada una? Para establecer qué dedicación haré a cada una de ellas…

Otras preguntas que pueden ayudarnos a delimitar estos valores pueden ser: ¿cómo me gustaría ser recordado/a el día de mañana? ¿cómo me gustaría verme de aquí a 10 años? Sea como sea, se trata de identificar aquí en qué dirección queremos movernos en nuestra vida, delimitar lo importante y conforme a lo que vamos a actuar. Independientemente de lo que los demás tengan como prioridad o los valores que tengan; cada persona tienen sus valores y vivir conforme a ellos será lo que traiga esa satisfacción global con la vida.

Es posible que al responder a lo anterior hayan surgido metas u objetivos: conseguir un trabajo, un ascenso, conseguir una casa, sacarse un grado… Esto no serían valores. Los valores serían la dirección que hay detrás: Ser una persona que se esfuerza por lo que le importa. Lo anterior, vendría como manera de actuar frente a los valores. Y es que el siguiente paso tras identificar nuestros valores, es realizar acciones en función de ellos, para cultivar esas áreas importantes para nosotros. Si mis valores tienen que ver con la familia, puedo realizar acciones en las que me preocupo y estoy con mi familia; si mis valores tienen que ver con ser una persona bondadosa, puedo realizar acciones todos los días en dirección a ello; si es ser una persona trabajadora, puedo esforzarme en todo lo que haga.

Por supuesto, cuando actuamos conforme a nuestros valores,  habrá algunos objetivos que pueden no depender solo de nosotros y que no lograremos; al igual que otros serán sencillos de conseguir. Cuando vivimos conforme a nuestros valores, siempre habrá pequeños objetivos que darán valor a nuestra vida y que son muy posibles (por ejemplo, ayudar a alguien que me importa si mi valor es el de estar para quienes me importan). Cuando actuemos conforme a nuestros valores y aún así no logremos un objetivo o meta importante, seguiremos sintiendo todo un abanico de emociones desagradables. Pero no será el mismo impacto cuando tenemos al menos la satisfacción de haber actuado de manera coherente y respetuosa con nosotros mismos; y tener identificadas las áreas que me importan, y que quiero trabajar en mi día a día, me permitirá continuar actuando conforme a mis valores a pesar del mal momento, y seguir sintiendo una satisfacción de trasfondo. En este momento, nos faltaría ser amables con nosotros mismos, atender a nuestro auto-cuidado y delimitar: ¿qué quiero hacer ahora?

Si necesitas orientación, no dudes en ponerte en contacto con Martínez Bardaji psicología y salud.

Estaremos encantadas de ayudarte.
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