viernes, 8 de abril de 2016

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Bajo deseo sexual

La falta de deseo sexual es uno de los problemas sexuales más frecuentes y  puede deteriorar la relación de pareja e incluso causar ansiedad y malestar psicológico en la persona que lo padece. Te explicamos qué es, qué puede provocarlo y qué tratamientos se pueden seguir para recuperar la apetencia sexual.



¿Qué es?
El concepto de bajo deseo sexual es un concepto de naturaleza diversa y un tanto ambiguo pues dependiendo de la perspectiva desde la cual lo abordemos podremos llegar a una definición u otra. De manera concreta y sintética, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales define el deseo sexual hipoactivo como la disminución o ausencia de fantasías y deseos  de actividad sexual de forma persistente o recurrente, que provoca malestar intenso en la persona que lo padece o dificultades en la relación interpersonal. No obstante, cabe preguntarse si el deseo se circunscribe únicamente a actividades relacionadas con los genitales y con la consecución del orgasmo, o si va más allá de ese “todo o nada”. Asimismo, es importante destacar la diferencia entre bajo deseo sexual y los diferentes grados y frecuencias de la actividad sexual en el marco de la relación de pareja. –Que mi pareja tenga mayor deseo sexual, no significa necesariamente que yo tenga problemas de bajo deseo sexual-.
La afección por falta de deseo puede ser primaria –cuando la persona nunca ha sentido mucho interés sexual-, o secundaria –cuando la persona que anteriormente solía sentir deseo sexual y disfrutaba del sexo, deja de experimentar interés-. Esta falta de deseo también puede ser generalizada –no se experimenta deseo ni hacia la pareja ni hacia ninguna fuente de deseo-, o situacional –se puede experimentar falta de deseo de forma habitual en función de las circunstancias o con determinadas personas, como por ejemplo, su pareja-. En el polo más extremo, se encontraría la aversión sexual, en la que la persona no sólo carece de deseo sexual, sino que encuentra al sexo como algo ‘sucio’ o repugnante.

¿Qué causas reducen el deseo sexual?
Los factores que originan y mantienen el bajo deseo sexual pueden ser biológicos/orgánicos, psicológicos, o socioculturales; interrelacionándose en todo momento los tres, es decir, cualquiera que sea el factor que lo provoque, afecta a los otros dos.
            -En lo que respecta a las causas biológicas/orgánicas, la alteración de niveles hormonales, como por ejemplo de la testosterona o de la prolactina, o la toma de determinados medicamentos, como antidepresivos o para la hipertensión, así como el padecimiento de alguna enfermedad, tiene repercusiones en nuestra biología, y por tanto, en el funcionamiento de nuestra respuesta sexual y de nuestro deseo.
-Entre las causas psicológicas, padecer de estrés, estar pasando por una depresión, la baja autoestima, el desconocimiento del funcionamiento erótico-sexual del propio cuerpo o de la persona con la que se mantengan relaciones sexuales, el aburrimiento y la rutina en estas relaciones, la anorgasmia, la eyaculación precoz, o el dolor durante el coito, entre otras, también afectan al nivel de deseo sexual. Los problemas de pareja son a su vez causa y consecuencia del bajo deseo sexual en muchos casos.
-En la esfera sociocultural, hablamos de relaciones interpersonales y de normas sociales acerca de cómo debemos funcionar y actuar en la esfera sexual, es decir, qué se espera de nosotros y de los otros. Esta preocupación y la búsqueda de la ‘normalidad sexual’ también afecta al deseo sexual.

¿Qué tratamientos se pueden seguir?
La idea de que no existe solución, o de que el deseo ya volverá, suele ser común, por lo que se dejan pasar las semanas, meses y puede que incluso años, sin que esta situación mejore. Pero lo cierto es que habituar a postergar el tiempo y a ocultar el problema, puede generar un conflicto tanto individual, como de pareja, si es que se tuviera.
El primer paso será detectar la causa del problema, es decir, conocer de dónde viene para solucionarlo y reorientarlo en la medida de lo posible. Es importante descartar causa orgánica, y en el caso de que esta fuese el origen, consultar con un/a especialista médico. En el caso de la causa sea psicológica, hecho que es bastante común, la terapia sexual y/o de pareja resulta efectiva en la mayoría de los casos.
Si la relación de pareja está dañada o es conflictiva con peleas y discusiones frecuentes, será esencial trabajar el reencuentro en la pareja, ya que sin este el deseo sexual es difícil que surja y se mantenga.
Así mismo, en las terapias sexuales también es importante (re)dirigir la atención a lo sexual, ya sea a través de estímulos internos (prestar atención a nuestros pensamientos eróticos, a las sensaciones de excitación, etc.), como a través de estímulos externos (fomentar la fantasía erótica, estar atentos/as de caricias que estimulen nuestros sentidos, elaborar juegos de seducción en la pareja, etc). También será conveniente explorar y conocer nuestros deseos propios, practicar relajación para disminuir el estrés y la ansiedad, entre otros aspectos. En ocasiones también puede ser necesario iniciar un  proceso de psicoterapia si la causa del bajo deseo sexual se debe a problemas relacionados con la autoestima, o con alguna experiencia sexual traumática, u otro problema que pueda estar influyendo.
Finalizar recalcando algo que nos parece importante, y es que la insatisfacción sexual propia o la de nuestra pareja debe ser algo en lo que prestar atención pues a la larga una insatisfacción recurrente puede convertirse en un impedimento para el deseo sexual propio.
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