lunes, 10 de abril de 2017

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Miedo al fracaso: ¿Como podemos logar nuestros objetivos a pesar de sentirlo?


Piensa por un momento en diferentes proyectos, ideas, objetivos o metas que te hayas planteado en algún momento de tu vida. Sirve que sea en cualquier área de ella. Pero intenta pensar si en algún caso has rechazado alguno de esos planes solo porque no estabas seguro/a de poder lograrlo. ¿Se te ocurre?

Si es así, has experimentado la consecuencia última del miedo al fracaso: dejarse llevar por él y asumir que no podemos hacer algo, que no es lo nuestro. En el momento en que percibimos ese miedo a fracasar, o a no hacer las cosas lo suficientemente bien, interpretamos o derivamos que eso significa que en efecto, no podremos. El temor al fracaso puede bloquearnos hasta el punto de mantenernos inmóviles. Cuando este bloqueo (que no la aparición del miedo) ocurre y nos quedamos inmóviles, repercutirá
directamente en la satisfacción que tendremos con nuestra vida. Cuando somos incapaces de actuar para con lo que queremos, nuestro miedo aumenta disminuyendo nuestro bienestar: no lograré nunca lo que me propongo. No soy válido/a. Y empezamos a limitar más y más nuestras vidas.

Todo el mundo tiene y ha tenido alguna vez miedo al fracaso y ha fracasado en algo. Es innegable que sentirlo es desagradable y que nadie dirá que quiere experimentarlo. No obstante, temer al fracaso es humano e inevitable. Nuestro cerebro piensa y siente constantemente sin que podamos controlarlo. Ahora bien, dependerá de nosotros, de cómo nos relacionemos con ello y lo que hagamos a posteriori, el como afectará  a nuestra vida y si derivaremos en un estado emocional u otro.  En este sentido, lo primero que habrá que aprender a hacer es a sentir el miedo sin juzgarlo. Identificar cómo lo sentimos y que pensamos y dejar que esté ahí. Así, podremos permitirnos indagar para identificar que es lo que exactamente te da miedo, cual es el reto real y qué te está bloqueando.

Si hay algo físico y real que te impida lograr tus objetivos, habría que trabajar en ello. Pero si hablamos del miedo al fracaso… ¿qué te impide lograr lo que quieres, aparte de hacerle caso a ese mismo miedo? Aprender a sentirlo y reconocerlo nos permite notarlo y aún así, actuar. Cuando lo identifiques, proponte visualizar tus metas y trazar un plan de acción: tener delimitados los pasos nos proporciona seguridad y calma para hacerlo además de incrementar nuestra eficacia. Se trata de identificar y visualizar todos los pasos e ir marcando pequeños objetivos, a cumplir uno a uno hasta la meta final. Permítete no presionarte por lograr tu objetivo ya, ve cumpliendo tus pasos. Visualiza como sería tener éxito en todas ellas para posteriormente poder hacerlo tú. Además, crea un plan B. Incluso aunque nos enfrentemos a los miedos y demos los pasos necesarios, puede que no logremos lo que buscábamos. Plantéate alternativas, qué hacer después, cual será el siguiente paso si esto no va bien. De esta manera no tendrás la sensación de que “todo ha acabado”.

Sea como sea, ten en cuenta que el fracaso es un término algo subjetivo. ¿Qué es fracasar? ¿Qué implica en tu vida? ¿Si fracasamos una vez se acaba todo? Es una palabra y el poder de la misma reside en el significado que socialmenete y relacionalmente le hemos asignado. Si incluimos el fracaso como algo dentro del aprendizaje… ¿no cambia nuestro punto de vista?

La razón por la que el miedo a fracasar es tan intenso es por la concepción común que parecen compartir muchas personas que lo sufren. Por un lado, se asocia a sentimientos de impotencia: “Si he hecho todo lo que sabía/podía y no lo he logrado… ¿ahora qué? Nunca conseguiré mis metas”. Por otro, a veces tendemos a definirnos y calificarnos en términos de los éxitos y fracasos de nuestra vida. A veces hasta determinamos nuestra valía de ello. Pero… ¿de verdad solo somos lo que hemos hecho y lo que no? ¿Solo se basa en ello nuestra identidad?

¿Y si el fracaso es real?
Hasta ahora hemos hablado del miedo al fracaso, pero… ¿qué ocurre cuando el fracaso es real? Todos fracasamos en nuestras vidas, no una ni dos veces. Es imposible que todos nuestros proyectos e ilusiones acaben siempre en buen puerto. Y no existe una fórmula mágica para vivir ese fracaso “como si no hubiese pasado nada”, porque de hecho, vivirlo de esa manera no sería siquiera útil. La gran verdad acerca de cuando fracasamos es que hay que aprender a convivir con él cuando se da para aprender de él. Porque hasta del más estrepitoso de ellos se sacan enseñanzas: y una enseñanza, un aprendizaje siempre será un éxito. Como ya dijera Henry Ford, “el fracaso es solo la oportunidad de comenzar de nuevo de forma más inteligente.”

Dependiendo de en qué hayamos fracasado, es cierto que puede suponer un momento duro y que las emociones que vendrán serán desagradables. Pero todo ello nos está diciendo algo: que era algo que nos importaba o que al menos, nos importaba el logarlo. Aprender de ello será clave para en el futuro poder lograrlo o para aprender para otros proyectos. Un fracaso nos dice que algo no ha salido bien. Porque nos hemos equivocado o incluso por causas externas que no fueron tenidas en cuenta. Es momento de reflexión y de hacer un nuevo plan de acción para modificar lo que no nos sirve y continuar con nuestros propósitos. Y sobre todo de actuar.

Si no lo ves claro, te invito a que hagas un breve ejercicio. Piensa en la última vez que consideraste que habías fracasado en algo. ¿Lo tienes? Ahora piensa que hiciste.
Si la respuesta es sentirte triste, ansioso, deprimido… Y no salir de casa, tomarte unas copas de más, aislarte… Te invito a que pienses: ¿Para qué te sirvió? A corto plazo, ¿fue útil hacer eso? Seguro que sí. Durante unos momentos, aliviaría el malestar. Pero… ¿Cómo te sentiste los siguientes días? ¿Lograste finalmente eso que querías? A largo plazo, ¿te ayudó a lograr tus objetivos?

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En cambio, si la respuesta es sentirte triste, ansioso, deprimido… Y aún así movilizarte para lograr lo que querías, piensa por un momento. A corto plazo, ¿qué tal? Seguramente fue duro. Te costaría, te sentirías abrumado/a… Pero, ¿A largo plazo? ¿Lograste lo que querías? ¿Te ayudó a lograr tus objetivos? Como mínimo, te permitiría acercarte a ellos. Y esto rompe con el círculo que comentábamos al principio del artículo, en el que nos inmovilizamos y comenzamos a sentirnos más insatisfechos. En cambio, nos encaminamos hacia objetivos vitales lo que a la larga, incrementa nuestra satisfacción con la vida.
En muchas ocasiones, a pesar de compartir esta visión, puede resultar muy complicado lograr hacer frente a estas emociones y más todavía si nos encontramos en un momento vital complicado.

Si necesitas asesoramiento o ayuda, no dudes en ponerte en contacto con Martínez Bardaji psicología y salud.


Estaremos encantadas de ayudarte. 
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